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martes 28 de junio de 2011

Diferente Roma

De todas las tardes que he pasado en Roma, la de ayer fue sin duda fuera de lo normal. Con mi hermanito o con A*, para mi Roma siempre ha sido exquisita y me traído buenas nuevas experiencias. No obstante las persecuciones y la pizza para turistas, esta ciudad me sigue fascinando y le sigo jurando una y otra vez que volveré. Espero que así sea siempre, como hasta ahora, que tantas veces que he perdido la cuenta.

Pero este fin de semana en Roma fue diferente. Es la primera vez que salgo de circuito turístico de la ciudad y no visito los sitios y monumentos que cualquier turista DEBE ver. Al mediodía fui al Vaticano para el Angelus; hace mucho que no iba y esta vez me obligué a ir y llenarme de esa energía que recorre Plaza San Pedro cuando el papa saluda en varios idiomas. Luego entré a la Basílica de San Pedro para consumar la cita que tenía pendiente desde el 1º. De mayo, cuando la Beatificación de JP II. Después, entré a la exposición en su honor y luego decidí perderme por las calles tomando un autobús que me llevara a las cercanías de la Piazza Reppublica para así refugiarme de las horas de máximo calor viendo una peli y recordar los viejos tiempos en la Ciudad de México en que iba al cine (casi siempre a la Cineteca Nacional) durante la tarde y sola, solita.
Benedetto XVI durante el Angelus

Luego de comer, corrí como loca para tomar el autobús que de nuevo me dejara en las cercanías de la Fuente de Trevi para que, de manera decidida y definitiva, la tarde de este domingo cambiara: por fin pude dar con los mexicanos que residen en Roma y escuchar misa en español, con un sacerdote (también paisano), coro, misarios, etcétera, todo en MI español. ¡Ahhh, qué alegría!

Y como generalmente ocurre entre mis similares, me sentí bien y a gusto. Olvidé esa sensación de extranjero de soledad chiquita y remediable (espero) que a veces me oprime y que lucho para no permitirle de influenciar màs de lo que puede. Siempre lo he pensado: Italia es un lugar maravilloso, se vive bien, ofrece ciertas libertades antes desconocidas pero transferirse aquí es igual a empezar de cero, desde acostumbrarse al clima, aprender probar todo tipo de detergente para la lavadora hasta encontrar el adecuado para tì, hasta hacerse de amigos. Y eso último es una de las cosas más difíciles.

Templo de Adriano

Así las cosas. Después de la misa, hubo convivio y mucha salsa Valentina. Desde el inicio le eché el ojo y ¡ataqué! Plática y plática mientras nos presentábamos los nuevos, los forasteros, los que pasábamos por Roma. Al final decidimos salir del oratorio e ir a un café al lado para tomar algo juntos y esa experiencia, de sentarme a beber una cerveza, comer alitas de pollo, escuchar música a alto volumen, reír fuerte, echar bromas que sólo nosotros entendemos, brindar porque sí con gente tan parecida a mí, que habla español con mi acento, ésa, me hizo la tarde en Roma.

Ahora es lunes y me tengo que apresurar a arreglarme porque voy a la embajada. Irradio desde aquí mucha buena vibra y mucho buen espirito desde esta ciudad que ayer, extrañamente, me dio una corazonada como aquella en marzo, en Florencia cuando a bordo del autobús un cierto viento me hizo sentirme “parte de”, parte de no sé qué cosa que me hace sentir un lugar como mío.

A las 2 tomo el tren de regreso a mi Toscana. Transbordo en Pisa para Lucca. El tren va costeando el Mediterráneo. Cuesta 20 euros, pero hoy ¡yo invito! ¿Quién se apunta?

1 comentarios:

::júbilo::haku:: dijo...

la unica vez que tuve la oportindad de estar en roma hacia un calor de 41 grados y me la pase haciendo cosas de turistas... asi es siempre la primer vez que se va a un lugar... no? eso si.. sin tour... caminando, andando en metro y demas...para no ser tan turista...