Proximamente

domingo, 19 de diciembre de 2010

Neva. Eso ha cambiado las cosas, la manera como me he venido sintiendo en las últimas semanas. Neva. Una vez todo este blanco me trajo de vuelta la serenidad. Neva. Es diferente al año pasado y al precedente aún, pero sobretodo al año pasado.

A estas horas estaba con sentada en la mesita del restaurante más popular de mi barrio. Estaba bebiendo con el novio, con una amiga y su amigo. Éramos cuatro en ese rincón. Yo tenía un pañuelo en la cabeza para ocultar los rulos que adornarían mi cabello. No sé cómo pude salir así pero, después de todo, ningún sueño viene gratis y sin haber pasado ligeras o pesadas vergüenzas.

Ésa mesita en el restaurante era el fin de una época llena de todo, de caminar tanto y de probar todo. No estaba cansada de nada, sino con más energía que nunca. Desde luego, los últimos tres meses me las había pasado corriendo sin aliento y resolviendo todo lo relacionado con ese día. Sólo de vez en cuando me acordaba que el rito civil se había celebrado durante el verano, en Italia. Pero ahí estábamos, los futuros esposos, hacia la cuenta final que renueva los ciclos, ajusta los cronómetros de nuestras vidas y marca, sin querer o queriendo, un nuevo inicio.

Era la noche del 18 de diciembre en la Ciudad de México y los novios se reunieron para beber algo juntos, tranquilizarse y no desfallecer de la emoción por la maravillosa aventura del día siguiente, el día de nuestra boda.

Es justo eso en lo que recuerdo apoyada en la ventana, viendo afuera la nieve, tan limpia, tan brillante. Es difícil que en Toscana caiga tanta nieve como ayer, sobre todo en las partes –como Lucca- que están casi al mismo nivel mar; por eso, además del encanto, la nieve causa un poquito-mucho de caos. Todo se detiene o va más lento, favoreciendo de alguna ingeniosa manera el detenerse a pensar, a recordar que mañana Ale y yo cumplimos nuestro primer año juntos.

Es la nieve, es ella, tan suave, tan delicada que enmarca con dulzura este primer aniversario recordando un día fabuloso, precioso, único y nuestro. Y ahora nada, ni siquiera este frío que me entra por los pies debido a que no he aprendido aún a escoger el calzado ideal para los inviernos en Europa, podrá ofuscar lo dichosa que soy a pesar de todo. Y si bien nada ha sido gratuito este año, estoy bien aunque diciembre me haya alcanzado aquí en este país y no en México, como lo había deseado. ¿Y saben qué? No importa, porque después de todo afuera reina la nieve de la serenidad, la nieve de diciembre, el mes mágico lleno pequeños dones que la vida me dio al grado de convertirme en esposa, en su esposa.

Feliz primer año, amore!

martes, 14 de diciembre de 2010

Estamos bien Eva

¡Amiga querida!

Ya me desahogué en el mensaje que te dejé en Face. Me vino como primera reacción cuando vi entre las revistas el sobrecito verde que tiene dentro tu postal.

¡Te lo agradezco mucho Eva! Tu mensaje llega en el momento justo: a pocos días de nuestro primer aniversario y en estas jornadas lentas de fiebre, de tés calientes, pantuflas, chales y anginas del tamaño de un plato.

Trato de describirte una imagen de este momento: estoy en la sala en donde la mesa se ha convertido en mi escritorio provisional porque el cuarto que uso como estudio es más frío puesto que está más alejado de la calefacción y de la chimenea. Por supuesto, la mesa es un desmadre con cuadernos, libros, teléfonos, agendas, maquillaje, revistas, papelitos, pañuelos, dos computadoras, cupones navideños y un plato de ñoquis recién cocinados, con mucho parmesano, calientito y picante. Estoy escuchando a la Aristegui vía internet como queriendo estar aunque sea un momento en casa de mi mamá, en México, en esas mañanas frías de diciembre con un sol que amenaza con quemar cuando sean las 2 de la tarde.

No sé de qué me sirve escuchar el noticiero de 4 horas si a fin de cuentas estoy tan lejos. Creo que es un síntoma de las ganas, de las ganas de estar ahí, de volver a la que será siempre mi casa, de hablar mi español chilango, de atascarme de fritangas por la calle y, por supuesto, de pasar estas fiestas como sólo en México las sabemos hacer.

Estoy y estamos muy bien Eva. No nos falta nada aunque he estado un poco intranquila porque nunca me imaginé que diciembre me agarraría aquí en Italia. De igual forma no me imaginé nunca pasar un año entero sin regresar a la Ciudad de México.

Estamos bien, la casa nunca estuvo tan bella, tan colorida, tan arreglada. Se renovó el techo de ambas casas y se pintaron. Por el aluvión del año pasado, se tuvo que renovar casi toda la planta baja, muebles y electrodomésticos casi todo es nuevo. Las vacaciones me las tomé durante el verano, cuando mi padre vino a visitarme y nos la pasamos paseando por toda Italia. A esto le debo agregar que comencé a trabajar y compramos un auto nuevo.

Ya se asomaba la idea de que este año no sería como los últimos nueve. No me desagrada pasar diciembre en esta parte del mundo; tú sabes, tiene su poesía todo este frío, la chimenea, los mercaditos navideños, el mar de invierno, nuestra primera Navidad con mi familia nueva. Pero sí, no puedo esconder mis deseos de estar con mis amigos, los únicos que conozco hasta ahora y poder estrecharte fuerte fuertotote a la que se tomó el tiempo de escribirme y mandarme por correo sus pensamientos.

Quiero desearte todas las buenas cosas. Espero que nos podamos echar esas tostadas de septiembre que prepara mi mamá, confirmando que septiembre o mayo, será siempre un momento bueno para estar juntas, ir al cine, hablar de tonterías y recordarte que te quiero mucho Eva.

¡Te abrazo fuertotote! Feliz Navidad y Buon tutto!