Neva. Eso ha cambiado las cosas, la manera como me he venido sintiendo en las últimas semanas. Neva. Una vez todo este blanco me trajo de vuelta la serenidad. Neva. Es diferente al año pasado y al precedente aún, pero sobretodo al año pasado.
A estas horas estaba con sentada en la mesita del restaurante más popular de mi barrio. Estaba bebiendo con el novio, con una amiga y su amigo. Éramos cuatro en ese rincón. Yo tenía un pañuelo en la cabeza para ocultar los rulos que adornarían mi cabello. No sé cómo pude salir así pero, después de todo, ningún sueño viene gratis y sin haber pasado ligeras o pesadas vergüenzas.
Ésa mesita en el restaurante era el fin de una época llena de todo, de caminar tanto y de probar todo. No estaba cansada de nada, sino con más energía que nunca. Desde luego, los últimos tres meses me las había pasado corriendo sin aliento y resolviendo todo lo relacionado con ese día. Sólo de vez en cuando me acordaba que el rito civil se había celebrado durante el verano, en Italia. Pero ahí estábamos, los futuros esposos, hacia la cuenta final que renueva los ciclos, ajusta los cronómetros de nuestras vidas y marca, sin querer o queriendo, un nuevo inicio.
Era la noche del 18 de diciembre en la Ciudad de México y los novios se reunieron para beber algo juntos, tranquilizarse y no desfallecer de la emoción por la maravillosa aventura del día siguiente, el día de nuestra boda.
Es justo eso en lo que recuerdo apoyada en la ventana, viendo afuera la nieve, tan limpia, tan brillante. Es difícil que en Toscana caiga tanta nieve como ayer, sobre todo en las partes –como Lucca- que están casi al mismo nivel mar; por eso, además del encanto, la nieve causa un poquito-mucho de caos. Todo se detiene o va más lento, favoreciendo de alguna ingeniosa manera el detenerse a pensar, a recordar que mañana Ale y yo cumplimos nuestro primer año juntos.
Es la nieve, es ella, tan suave, tan delicada que enmarca con dulzura este primer aniversario recordando un día fabuloso, precioso, único y nuestro. Y ahora nada, ni siquiera este frío que me entra por los pies debido a que no he aprendido aún a escoger el calzado ideal para los inviernos en Europa, podrá ofuscar lo dichosa que soy a pesar de todo. Y si bien nada ha sido gratuito este año, estoy bien aunque diciembre me haya alcanzado aquí en este país y no en México, como lo había deseado. ¿Y saben qué? No importa, porque después de todo afuera reina la nieve de la serenidad, la nieve de diciembre, el mes mágico lleno pequeños dones que la vida me dio al grado de convertirme en esposa, en su esposa.
Feliz primer año, amore!
3 comentarios:
¡¡Lo recuerdo!!! como olvidarlo¿? ¡Mil Felicidades! estuvo hermosa su boda, me dio mucho gusto verte después de tanto tiempo y que me consideraras en tan magno evento, aunque después te diste a la fuga y ya no te vi en todo el año :( :(, si vienes avisame para visitarte :P un besote!
Que sean muchos años llenos de amor, comprensión y paciencia. Felicidades!!
Besos amiga!!
felicidades! hacia mucho q no pasaba x aca. te deseo lo mejor en el 2011!!!
te mando un abrazo caluroso desde aca
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