
Me dan ganas de llorar. De llorar no sé de qué ni por qué. No llevo toda mi vida llorando, eso es cierto, aunque me caracterizo, entre otras cosas, por ser una sentimentaloide llorona. Pero desde hace tiempo, este llanto especial se ha convertido no sólo en una reacción, sino en un sentimiento cotidiano, amigo mío, parte de mí y es agridulce.
No lloro de tristeza, no. No estoy triste, tampoco. No soy una pobrecita a la que le ha pasado todo lo malo, mucho menos. Todo lo contrario: tengo suerte, estoy contenta, estoy a gusto, estoy partida en dos, pero estoy bien.
Hoy se cumplen dos meses de nuestra boda. Los delirantes días de diciembre vienen a mi mente a cada rato, cuando veo caer la lluvia, cuando veo un cielo bello al amanecer, cuando veo pasar volando los pàjaros en la antesala del atardecer. Dos meses. Dos meses. Dos meses.
Hasta ahora no siento diferencias sustanciales en mi vida salvo por el preciosísimo recuerdo del día de nuestra boda, el más fascinante, feliz, ultrarosa, dulce con merengue y fresas, espectacular y amoroso día de mi vida. Fue un día maravilloso y lo tengo aquí, conmigo, entre la garganta y el pecho.
Hasta ahora ésa es la diferencia pues después de un periodo de tres meses en México, de nuevo hice mis maletas y vine a Italia, volando por primera vez con mi novio convertido en esposo. Los últimos cuatro años los he pasado de viaje permanente y ahora estoy en mi octava vez en Italia. Pero ahora me siento con una característica adicional, la de mayor peso: estamos casados. El día sábado 19 de diciembre de 2009 trajo consigo un nuevo inicio para los dos.
Todo lo que sucedió después de ese maravilloso sábado transcurrió entre la vagancia, el festejo, nuevos viajes, inundaciones, el reencuentro con viejos amigos, playas de ensueño, la despedida de mi país y el replanteamiento de quién soy, de lo que he logrado ser, del dónde tengo los pies, del dónde estoy y del cómo me encuentro. Y la verdad es que comienzo a entender que existo en dos realidades. No puedo dejar una sin la otra, anular una es anularme a mi misma porque él tiene parte de mí y yo, gran parte de él. Y eso trae sus alegrías pero también, de vez en cuando, sus desventajas.
Ésa es justamente la grieta de mi amor, los abismos de mi decisiones, los vuelos altos de ser tan diferentes y amarnos, de los precipicios que estoy saltando cuando respondí Sí, sí me quiero casar contigo. Ése es justamente la aventura de ser lo que nunca pensaste y de vivir donde nunca imaginaste. ¡Hoy cumplimos dos meses de casados! ¡Dos meses, gracias al cielo, dos meses! Viva la vita!
1 comentarios:
Dos meses y lo que te falta!!
Saludos Venecia, paisana, te saludo con gusto y deseo que todo siga bien, muy bien.
Aunque estemos lejos, estamos cerca paisana.
Saludos desde Cerro de la Estrella, Iztapalapa.
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