
Llevo varios días al punto del llanto. Hace un mes me probé por primera vez el vestido de novia que más me había gustado después de una exhaustiva búsqueda en innumerables boutiques de la ciudad. La escena fue breve pero intensa. Luego de trenzar los cuatro metros de cintas del corsette casi a obscuras, la chica que me ayudó a vestirme encendió la luz y ¡ BUAAAA ¡ por primera vez me vi vestida de blanco, de largo, de novia, de vida. Además fue justo allí que me cayó el veinte de lo que estaba haciendo, de lo que estoy preparando. También vi el rostro de mamá: estupefacta, contenta, con una sonrisa que sobrepasaba el contorno de su carita.
Hoy inicia diciembre. Afuera hace un tiempo precioso con cielo despejado, sol y un poco de aire. A decir verdad, yo me siento un tanto agotada puesto que organizar una boda en tan sólo dos meses es algo merece una medalla, sobre todo por el tipo de celebración que deseo. De hecho, he dejado un poco abandonado mi blog porque cuando regreso a casa por las noches los ojos se me cierran de sueño y cansancio y corro el peligro de caer de boca sobre el teclado. No obstante, quiero decir tanto sobre lo que se siente estar a un paso de la hora X.
Yo siempre lo he sabido y aceptado: soy cursi, sentimentaloide y llorona. Todos los días y a cualquier hora me vienen unas ganas de llorar como nunca antes. Y lloro, lloro pero lo hago riendo, gritando, poniéndome a cantar la música que pasan en la radio. Incluso he asistido a un par de bodas en la iglesia donde celebraremos la Eucaristía y, apenas entra el cortejo nupcial de un par de desconocidos, Venecia de Septiembre rompe en lágrimas. Estoy casi segura que el día de mi propia boda, en vez de pétalos y corazones a la salida de la iglesia, mis invitados deberán rociarme con agua con un atomizador porque para ese momento estaré completamente seca y deshidratada de tanto haber llorado. Pero sépanlo: son lágrimas de la más pura e intensa felicidad al cubo, con triple queso y en combo. De eso que no quepa duda.
Yo siempre lo he sabido y aceptado: soy cursi, sentimentaloide y llorona. Todos los días y a cualquier hora me vienen unas ganas de llorar como nunca antes. Y lloro, lloro pero lo hago riendo, gritando, poniéndome a cantar la música que pasan en la radio. Incluso he asistido a un par de bodas en la iglesia donde celebraremos la Eucaristía y, apenas entra el cortejo nupcial de un par de desconocidos, Venecia de Septiembre rompe en lágrimas. Estoy casi segura que el día de mi propia boda, en vez de pétalos y corazones a la salida de la iglesia, mis invitados deberán rociarme con agua con un atomizador porque para ese momento estaré completamente seca y deshidratada de tanto haber llorado. Pero sépanlo: son lágrimas de la más pura e intensa felicidad al cubo, con triple queso y en combo. De eso que no quepa duda.

6 comentarios:
me imagino las corridas q tendras con esto de la boda, y te cuento q a mi tb se me llenaron los ojos de lagrimas de solo leerlo, ya te imagino mirandote al espejo vestida de blanco!
:D
difruta mucho estos momentos magicos :)
jeje, yo ando en las mismas! y te entiendo perfectamente...la otra vez nada mas imaginàndome el brindis con las familias y los amigos, viendo a mi mamà, a mi abuela, a mi suegra y a todas las personas que màs nos quieren que te ven con las làgrimas en los ojos...no te digo: estaba en el coche y me puse a llorar! jajajaja
it happens ;) pero es un momento padrìsimo.
Auguri ancora!!
disfrute su momento de felicidad irrepetible!
En tanto sean lágrimas de pura e intensa felicidad, disfruta este momento de preparación hacia su boda.
Saludos y un abrazo enorme!
awww que post tan emotivo! Transmites parte de esa emoción y creéme se sinete lindísimo saber que estás a punto de cumplir otro sueño más en tu vida.
Felicidades para ambos !
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